jueves, 11 de septiembre de 2008



El invierno ya se va. No sé, de alguna manera esto hace que despierte de este aletargamiento en que estaba. Detesto el frio. Detesto las hojas caídas, el agua corriendo a chorros por las calles, los caminos cortados, los pasos bajo nivel inundado. De alguna manera pienso en el Santa Lucía. Ese cerro m gusta. Es un cerro clavado en medio de la densidad de Santiago. No sé, he estado en muchos cerros. El Chena también me parece atractivo, pero el Santa Lucia evoca los dias de sol. Y justo ahora comienzan esos dias. Tal ves esto también influya en que esté escribiendo esto.

Hace un tiempo un amigo me hacía ver la discusión acerca de si pensabamos en palabras o en imagenes. Y en este momento tengo la cabeza llena de imágenes. Se vienen las fiestas patrias, viene la primavera, se acerca el tiempo en que el sol alumbra con mas fuerza que nunca en este lado del mundo y me siento feliz.

Podría no estarlo. Hoy por ejemplo es una fecha aciaga. Y no sólo en esta parte del mundo. Pero quisiera sustraerme de esa idea que me bombardea con toda la fuerza que los mass media saben usar, para pensar por un momento en el Santa Lucia. Una vez estuve ahí cerca de una torre, tomando un helado de agua, con sabor a piña.

Santiago, ese valle convertido en desastre no natural se veía plano y yo pensaba en la cantidad de gente que estaría en sus casas en ese momento, haciendo quien sabe que tipo de cosas, en esas casas vistas desde ahí como maqueta, como un montón de cajitas de fosfóro, como esa maqueta que llevé una vez al colegio y que no queria mostrar en público porque me había quedado horrible. Así mismo se veía Santiago. Horrible. Recuerdo que un compañero pasó y tiró mi maqueta al suelo. Esa vez me puse a llorar. Era chico y pensaba que me había costado hacerla. Aunque sabía que me había quedado horrible. Pero al menos me habían puesto buena nota. No todo podía ser tan malo.

No sé bien por que, pero quiero de algún modo volver a estar ahí. En el Santa Lucia. Mirar Santiago. Y pensar de que de alguna manera las cosas pueden cambiar. Aunque sean desastrosas. Aunque hayan sido construídas así, con la frágilidad de un montón de cajas de fosfóros apiladas. Y desde ahí esbozar una leve sonrisa. Pienso en Bernard Shaw, viene a mi mente, no sé si en palabras o en imágenes una frase magistral "Tú ves las cosas pasar y te preguntas ¿por qué?. Yo sueño cosas que nunca han sido y me pregunto ¿por que no?.


Lo siento, pero la sonrisa ya se dibujó en mi cara.

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