lunes, 17 de marzo de 2008

Banda Sonora


Yo conocí a don Joaquín Arenas, de la misma forma en que conocí a Edith Piaf. Sin quererlo y sin proponérmelo.

Era escritor. Escritor comunista. Pienso que no fue un escritor conocido, no he visto jamás un libro suyo por ahí, y al menos, de lo único que recuerdo haberle leído era un libro pequeño de poemas, titulado LA VIDA DICE NO que en su tapa mostraba unas manos ensangrentadas.

Yo siendo un niño, sentía cierta impresión de ver un libro de esas características. Ese hombre, amaba a Edit Piaf. El siempre ponía en la radio alguna cinta con sus canciones y allí, sentado, rememoraba sus noches vivídas en Paris.

-Yo la conocí en persona- me dijo un día- era un amor de mujer-prosiguió, mientras se quedaba mirando el horizonte en la ventana de su cuarto, como quien mira la tele, o el computador, buscando imágenes perdidas. Y yo desde ese momento no pude evitar pensar que ellos habían tenido algo. No sé bien que fue lo que lo motivó a contarme eso. Era un hombre reservado, que se llevaba horas leyendo, y que solía escuchar tangos.

Yo, tenia en esos días , la oportunidad de jugar -entiéndase jugar, como el acto de estar ahí sin molestar a nadie, cosa que para los adultos, era una bendición- en su biblioteca, y allí pasaba horas leyendo. Mientras de fondo podía oír sonar las canciones de Edit Piaf, colándose por cada rendija de esa habitación.

-Yo solía ir a verla cantar- fue otra de sus confesiones, un día en que yo leía apasionado, Cuentos de la Selva, de Horacio Quiroga. Y allí en ese cuarto lleno de libros, pasaron gran parte de mis días de niño. Ese pienso que fue uno de sus legados hacia mi persona que El dejó sin saberlo.

No solo el haber aprendido quien era Edit piaf, que a decir verdad, no es algo que me interese demasiado, salvo por la conexión que conlleva en el hilo de esta historia. El mayor y mejor recuerdo que tengo es haber podido estar días enteros y salir de esa biblioteca sólo para ir a comer -y hasta dejar de hacerlo, para poder seguir leyendo o bien porque leyendo, se me pasaba muy rápido el tiempo- o irme a mi casa, sin parar de leer. Y haber tenido a mi alcance, libros que en ese momento, no hubiera podido llegar a mis manos. Y conocer a través de la literatura, mundos, personajes, lugares y momentos que con gran trabajo mi imaginación podía en alguna medida darle forma.

En medio del silencio de esa biblioteca, llena de cientos de libros y con esa melodía de Edit piaf de fondo, aprendí que en los libros y en cada uno de ellos, había una realidad que yo no conocía. Y debo decir, que bien pueden haber sido uno de los momentos mas gratos de mi vida.

Hoy al llegar a mi casa, escuché que en la radio sonaba Edit Piaf. Y volví atrás en el tiempo. Vi a un viejo escritor medio loco, sentado en el patio junto a los árboles, escuchando radio con su mente en Paris. Y también pude ver a un niño flaco, tendido en el suelo de la biblioteca, leyendo ansioso un libro de hojas amarillentas y un pequeño montón mas de libros ,a su lado, esperando el turno. Y de fondo, como una banda sonora, de una vida, mínima, desapercibida, una melancólica canción de una mujer francesa llamada Edit Piaf.

2 comentarios:

Pingüina dijo...

Es un agrado leerte nuevamente y que plasmes en algunas letras parte de tu niñez para que los que intentamos conocerte sepamos algo más de ti.

No está demás decir que eres un gran amigo para mi, y aunque no pasemos tanto tiempo junto, debido a la distancia, y no conocemos nuestros más íntimos secretos, compartimos con la misma perspectiva el Cristianismo bíblico.

Un abrazo, quien te quiere y te recuerda.
La Cata

CONVERSO dijo...

Se agradece, no sólo el saludo, sino el tiempo para leer.